UNA TEMPORADA DESQUICIADOS

El término desquiciar aparece en el diccionario de la Real Academia Española con varias acepciones. «Desencajar o sacar de quicio algo»; «Descomponer algo quitándole la firmeza con la que se mantenía» o «Transtornar, descomponer o exasperar a alguien». Cualquiera de ellas podríamos aplicarla a lo que muchos de nosotros hemos sentido esta temporada, podríamos usar otros muchos, desesperación, frustración, hartazgo… lo cierto es que la temporada del Deportivo ha dado para muchos calificativos, pero por fin se terminó, no se consiguió el objetivo, que era ascender de nuevo al fútbol profesional, de hecho, ni siquiera se peleó por poder hacerlo, conformándonos con permanecer un año más en la tercera categoría del fútbol nacional.

La liga se inició de forma prometedora, el equipo estaba instalado en la parte alta de la tabla clasificatoria, pero no terminaba de engranar su juego. A medida que iban pasando las jornadas la situación no mejoraba, el equipo era muy ramplón y no generaba apenas ocasiones, vivía de varios chispazos que le servían para solventar los partidos. Varias voces empezaron a cuestionar la labor del por entonces entrenador, Fernando Vázquez, quien a pesar de no conseguir el objetivo de la permanencia la temporada anterior, se decidió continuar contando con sus servicios. La afición volvía a sentirse dividida, la gente a favor de Fernando, que argumentaba que daba igual cómo se jugara mientras se ganara y los que opinaban que así no se podía continuar, que el equipo iba perdiendo fuelle y que la situación no se mantendría durante toda la temporada. En esas llegó el Celta B a Riazor y , probablemente en el mejor partido del cuadro coruñés, se llevó el triunfo, algo que fue el estallido de una crisis que casi nadie en ese momento adivinaba en lo que desembocaría.

Llegaron las navidades y el aguinaldo del Consejo de Administración para Fernando Vázquez: O sacaba al menos cuatro puntos en los siguientes dos partidos a vuelta de vacaciones, o sería cesado. Se viajó a Zamora, se perdió y se echó al entrenador. Decisión muy criticada por un amplio sector de la afición. El sustituto elegido fue el jovén Rubén de la Barrera, quien llegó mucha energía, pero el cambio de rumbo buscado con el cambio de entrenador no se materializaba en los partidos. En sus primeros cuatro partidos, ninguna victoria, dos empates y cero goles a favor. El equipo había pasado de estar en segunda posición, en puestos de fase de ascenso a segunda división a estar a punto de bajar dos categorías.

Al socio mayoritario se le acabó la paciencia con el Consejo de Administración de Fernando Vidal, invitándolos a seguir el mismo camino de Fernando Vázquez. Se nombró un nuevo consejo, nuevo en todos los sentidos, el elegido para presidirlo sería Antonio Couceiro.

El equipo seguía languideciendo, no despertaba y llegó la gran final contra el Pontevedra, quien estaba justo por debajo en la clasificación. Una derrota en ese partido hubiera significado haber caído a puestos de descenso. Pero se ganó, de aquella manera, pero se ganó, para el recuerdo la gran parada de Lucho en el último minuto. Luego llegó el espejismo de Barreiro, donde se ganó por 0-3, llegando con opciones a la última jornada, pero sin depender de nosotros. Los resultados no se dieron, consecuencia, no logramos pasar de fase para luchar por el ascenso. Pelearíamos en la siguiente por mantener la categoría actual, algo que se consiguió. Probablemente me deje cosas importantes en el tintero, ha sido una temporada tan, tan compleja que daría para un libro o una telenovela.

Ahora se va a hacer raro el estar 4 meses sin fútbol. Hay tiempo suficiente para planificar y montar un equipo de garantías. Esa es la esperanza que tenemos, eso sí, que por favor el encargado no sea el mismo del que montó este esperpento que hemos tenido que padecer.

Para el que escribe, la temporada ha sido un absoluto fracaso, ya no digo por no lograr el ascenso, sino por ni siquiera haber luchado por él. Varios jugadores han tenido un rendimiento decepcionante. Carlos Abad, Salva Ruiz, Celso Borges, Claudio Beauveu, Uche Agbo… se esperaba mucho más de ellos. Practicamente todos los fines de semana han sido un suplicio para el aficionado.

Hubiera cambiado algo si se hubiera mantenido a Fernando Vázquez, si hubiera habido público en los partidos, si la preparación física hubiera sido más adecuada… nunca lo sabremos. Lo que sí es seguro que en septiembre ahí estaremos los de siempre, los que nunca fallamos. ¡Forza Dépor!

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