8.1.2007

Riazor latía otra vez. Definitivamente los mouchos, as coruxas os

sapos e as bruxas, hacían estragos a un Real Madrid que cada vez que

pisaba Riazor, las piernas se les hacían endebles, flojas, y el corazón

les latía fuerte e inestable. Riazor lo sabía, y se aprovechaba de ello.

El aficionado se frotaba las manos y llenaba de fiesta cada partido

contra Los blancos. El “ruxe-ruxe” por las calles de la ciudad, era

épico. Los cánticos, de guerra. La afición Deportivista se sentía como

las huestes griegas en el puerto de Aulis esperando a partir para

recuperar a Helena del rapto de París. Y allí, a esas puertas de Aulis,

llamémosle Riazor, 30.000 gargantas metían miedo al enemigo. Un

enemigo gigante que se empequeñecía al llegar a esas costas. Las 30.

000 gargantas siempre fueron importantes para ganar las batallas,

pero no más que los 11 iniciales que salían siempre. Y el Depor venía

de perder 9 batallas seguidas, que nos dejaban tocados, apelando a la

heroica de un equipo joven, casi en pañales. Pero ese equipo tenía su

propio Agamenón, llamémosle Manuel Pablo, y su propio Aquíles,

llamemosle Joan Capdevila. Y es de este del que vamos a hablar. Por

que la batalla comenzó, y el Depor no parecía aquel herido que

llevaba 9 batallas perdiendo sangre. Tenía el balón, y aturdía a los

blancos. El primer Golpe lo dio nuestro Aquíles, a los 9 minutos.

Capdevila aprovechó que el rival bajó la guardia creyéndose más

fuerte, y asestó un golpe mortal de falta directa. Su pierna izquierda,

despertaba los fantasmas en los blancos, que se desquiciaron cuando

se vieron inferiores a un equipo tan joven. El golpe de gracia lo dio el

escudero Cristian, que hizo retorcerse del dolor a los invasores

blancos. Otra batalla más perdida, llena de Frustración para ellos.

Y así fueron los 7 años que nuestro Aquíles, Capdevila, pasó

defendiendo nuestra camiseta. Un jugador genuino, siempre con una

sonrisa en la boca, y, que en ocasiones, planteaba sus éxitos como “un

poco de suerte”, pero que dejó una huella muy marcada en un estadio

muy pasional y exigente, dónde siempre se exigieron ciertos valores,

más que la victoria. Y Capdevila siempre los cumplió todos:

derrochando respeto, amor y fraternidad con los colores y el escudo

Coruñés. Y allí sigue, agarrado al fondo de Marathon Inferior, con su

grito Troyano, que retumba todavía de lejos en las gradas : “Joan,

Joan, Joan Capdevila”, se escucha. Y hierve la sangre, y se enciende la

memoria; la memoria de los que ayudaron a la creación de un mito

que sigue retumbando en las historias del fútbol Español: un

Deportivo de La Coruña que fue capaz de resistir los ataques de los

gigantes que querían conquistar el templo Coruñés, y que gente como

Capdevila, les negó.

Y a día de hoy, después de que Joan quisiese decir adiós de la forma

que se merece, jugando sus últimos 90 min en la Champions League,

y después de 41. 497 minutos de Toques con la izquierda, carreras

por la línea de cal, y centros medidos, los gritos Troyanos Coruñeses,

fundiéndose como olas de Mar, siguen retumbando; JOAN, JOAN,

JOAN CAPDEVILA. MUCHAS GRACIAS POR TODO.

Eduardo Martiño.

 

1978, Comienza la suerte

En el mismo año que “Dallas” empieza a ser emitida en la

CBS Americana, que se juega el Mundial en una Argentina

manejada por el yugo de una dictadura militar, dónde los

anfitriones golearon 3 a 1 a una Holanda de Rensenbrink

incapaz de parar al “Matador” Kempes, el 3 de Febrero nace

en Tárrega, en la comarca de Urgell, Joan Capdevila Méndez.

El mismo que se pasó 22 años de su vida profesional

paseándose por Old Trafford, Highbury, Parc des Princes y

Olympiastadion entre otros. Y digo paseándose, por que en

todos ellos fue capaz de salir con la sonrisa por delante, y

con la satisfacción de haber ganado. La mayoría de éstos

éxitos con la camiseta de un equipo de una ciudad de la costa

norte gallega que estaba haciendo temblar las piernas de

todos estos gigantes. Pero a eso ya llegaremos.

Empezó su extensa andadura futbolística en la U.E Tárrega.

Allá ya se le vió el disparo, desparpajo y olfato goleador que

disponía pese a jugar de lateral izquierdo. Y esto no pasó

desapercibido para los grandes. Tras 25 partidos y 3 goles

con la U.E Tárrega, una de las mejores canteras de la

península ibérica le llamó, y cogió sus maletas y se mudó de

su Tárrega natal a la ciudad condal, un escenario totalmente

diferente al que el estaba acostumbrado.

Se enfundó la camiseta del equipo del que es seguidor y

socio desde los 12 años, la del Real Club Deportivo Espanyol

de Barcelona. Sería su primera blanquiazul, unos colores que

marcarían muchos éxitos en su carrera deportiva. Jugó con

el segundo equipo del Espanyol, siendo importante en la

gran temporada realizada por el equipo joven de los

“pericos”, que casi alcanzan el ascenso a la Segunda División.

Jugó 34 partidos, anotando dos goles.

Al año siguiente, un 31 de Octubre de 1998, se vió en San

Mamés, la “catedral” del Fútbol Español, debutando en

Primera División en un bonito empate a dos.

Dejaría el Espanyol tras 33 partidos con la camiseta

“blanquiazul” y un registro de 4 goles. Lo dejaría entre

reproches de ciertos aficionados, a los que no les gustó su

marcha, echándole en cara que era por dinero. Dejaría el

RCD Espanyol para enfundarse la de nada más y nada menos

que el Atlético de Madrid. Un Atlético de Madrid con un

equipazo, entre ellos jugadores bien conocidos para todos

nosotros como Molina y Valerón. Este mismo equipo, que,

con aspiraciones europeas, terminaría siendo la sorpresa en

toda Europa tras descender a la Segunda División. Jugó 2679

minutos ese año, y tras el descenso, varios equipos pusieron

sus miras en aquel Atlético, plagado de estrellas. Y en pack

de 3, los ya nombrados Valerón y Molina, junto a Joan,

viajaron al norte de España, dónde se había gestado otra

sorpresa, esta vez positiva: El Deportivo de La Coruña se

había proclamado campeón de La Liga Española. Cogieron

un avión que les llevó directo a éxitos y grandes noches

Europeas, y ya en el momento que rubricó su firma en el

contrato, sin darse cuenta, estaba escribiendo su nombre en

la Historia del Fútbol Nacional, y sobre todo del Deportivo.

En el Deportivo se hizo grande al mismo paso que la

institución, que venía pisando fuerte desde los 90’s,

haciendo temblar cada vez que su nombre era pronunciado.

Que pregunten por Madrid, Barcelona, Manchester,

München o Milano entre otros. Era muy común verlo con la

camiseta de la selección Española, y cuando no era así, se

divertía fines de semana y martes o miércoles enseñando a

los gigantes como nos las gastamos en la costa norte gallega.

7 años plagados de éxitos: 2 Supercopas de España y una

copa del Rey. 7 años haciendo sonreír a una afición que se

pellizcaba todos los días, pero a la vez pensaba : “Ninguén

mereceo mais ca min”. Y ya que hablamos de eso, la afición,

fue un vínculo muy fuerte para Joan en A Coruña. La afición

lo adora, y el amor lo hace grande. En un Fútbol en el que

hoy en día estamos alejados de todo romanticismo, forjó una

relación con una afición pasional, y siempre volcada con su

equipo, que le agradecía su esfuerzo, amor y pasión por el

escudo al grito de : “JOAN, JOAN, JOAN CAPDEVILA”. Y el

tiempo fue pasando, y los grandes del fútbol disponían de

más dinero, y con ello, el Depor se alejaba de los puestos de

arriba. Y tomó una decisión difícil. Tras 7 años, abandonó el

club. 244 partidos y 20 goles después, dejaba la banda

izquierda de Riazor, dejando estela, como la que dejaba con

sus arrancadas por la línea, para ocupar la banda izquierda

del “Madrigal”. Un “Madrigal” que lo hizo subcampeón de

Liga en el 2008, y lo vió volver con una medalla de oro de

una Eurocopa y un Mundial de fútbol. Casi nada.

En 2011 abandona “El Madrigal” para probar suerte en el

Benfica de Lisboa, un histórico del Planeta Fútbol. Pero la

suerte no le sonrió tanto, y tras tan solo 8 Partidos, vuelve a

casa. A su Catalunya natal para enfundarse ”su” camiseta por

segunda vez. Allí, pasó dos años, en claros y oscuros

deportivos, dónde disputó 37 encuentros. En 2014, toma la

decisión de probar a jugar en una Liga exótica, algo que está

en auge. Se mueve a Guwahati, una ciudad con clima

subtropical en la India, situada sobre el río Brahmaputra.

Allí, con el North East United, disputa 15 partidos, anotando

1 gol. Tras haber probado el clima tropical, se mueve al polo

opuesto; Su destino es la romántica pero oscura Lier, en

Amberes, Bélgica, para jugar en la Segunda División Belga

con el Lierse. Allí, tras caer lesionado de gravedad, sólo

puede jugar 4 partidos.

Esta lesión no le impide seguir sonriendo, y se mueve otra

vez, para cerca de su casa. Su destino es Sant Julià de Lòria,

en las montañas andorranas. Allí, entre excelentes vistas

montañosas, volvió a jugar, para despedirse, dónde un

jugador como él tiene que terminar: Jugando la Champions

League. Y así fue como decidió Joan poner fin a 41.497

minutos y 60 Internacionalidades dedicados a hacer feliz a la

gente con el balón en los pies. Joan Capdevila colgó las botas

con 39 años, tras quedar eliminados de la Champions League

con su equipo, el Santa Coloma. Y para terminar, como

romántico del Fúbol y Deportivista: Joan, un tipo peculiar,

siempre con una sonrisa en la boca, nos dejó grandes

momentos. Dice que su éxito fue cierta suerte, pero la suerte

se encuentra si se busca; Y como dice su autobiografía, que

escribió junto a Alma Marín; “los malos también llegan”. Y

estoy de acuerdo, pero para mi, tu nunca fuiste uno de ellos.

MUCHA SUERTE JOAN.